Y por fin… La rutina

La rutina es una intrusa que ha llegado sin avisar, imponiéndose de forma clara y ineludible en mi vida. Ha llegado como el viento, un día, estaba tomando el café de la mañana (sí, el mismo café, a la misma cafetería, un acto que inconscientemente se repetía día a día) y me di cuenta, que de repente estaba ahí, y había venido para quedarse, al menos en un espacio temporalmente indefinido, suficientemente corto para no asustarme y suficientemente largo para ser significativo. Los que me conocéis sabéis que soy amante de las pequeñas cosas de la vida, como la Amelie de Jean-Piere Jeunet que caminaba por las calles de Monmatre, y así os puedo contar que he aprendido a amar la rutina, he aprendido a disfrutar del placer que supone pedir siempre un café y un croissant mientras leo las noticias de actualidad en un periódico de papel. En un breve espacio de tiempo me he enamorado de la ciudad que me acoge temporalmente: Barcelona, o #Barcemola, como me gusta llamarla. He aprendido a valorar el tiempo, y he empezado a comprender por que en las grandes ciudades parece que todo el mundo tiene prisa, por que aquí, donde hay tanta gente, el tiempo es oro y las distancias son infinitas. La rutina ha venido y seguramente desaparecerá de la misma forma, por que como leí un día por algún rincón perdido de internet “El turista no sabe dónde ha estado. El viajero no sabe dónde irá” y yo amigos, como buena #viajadorapermanente no se cuál será el siguiente paso. Finalmente, y antes de terminar esta mini reflexión sobre el placer de la rutina os diré que os escribiré más, ya que ahora tengo una agenda en blanco llena de tiempo para que juntos descubrimos paso a paso esta nueva experiencia.

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See you soon

Júlia

#viajadorapermanente

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